«No estamos listos para ir a Marte»: la radiación y la ingravidez dañan el corazón y las defensas, advierte la ciencia

Llegar a Marte no es solo un problema de cohetes: es un problema de cuerpos. La ciencia advierte que con la tecnología actual el viaje de seis a nueve meses hasta el planeta rojo expondría a los astronautas a dos agresores silenciosos —la radiación cósmica y la microgravedad— capaces de dañar el corazón, el sistema inmunológico y hasta el ADN.
Un estudio publicado en la revista PLOS ONE por científicos del Medical College of Wisconsin ofrece las pruebas más recientes. El equipo expuso a ratas a una simulación de radiación cósmica galáctica combinada con un modelo de ingravidez aprobado por la NASA y las observó durante hasta 360 días.
Los hallazgos fueron contundentes: la radiación provocó fibrosis perivascular en el corazón, un engrosamiento del tejido conectivo alrededor de los vasos sanguíneos; generó variantes genéticas en la sangre vinculadas a mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y cáncer; y la ingravidez simulada desreguló el sistema inmunológico y redujo la producción de citocinas, las proteínas que coordinan las defensas del organismo.
Fuera del escudo natural que ofrece el campo magnético de la Tierra, el cuerpo queda vulnerable a daños cuyo alcance la ciencia aún intenta medir. Y a diferencia de la Estación Espacial Internacional, donde los astronautas tienen equipos de ejercicio, atención médica y la posibilidad de regresar rápido, una tripulación rumbo a Marte estaría mucho más lejos de cualquier ayuda.
La advertencia la puso en palabras la astronauta francesa Sophie Adenot, de la Agencia Espacial Europea, tras pasar 237 días en la estación espacial: «No estamos listos para ir a Marte». Al volver a la Tierra sufrió mareos intensos y tuvo que readaptar su cuerpo a la gravedad. Más de la mitad de los astronautas experimenta síntomas físicos tras misiones largas: debilidad, náuseas y vómitos. Marte puede esperar; el cuerpo humano, todavía no.




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