Vidad & Salud

El tiempo es cerebro: así se reconoce un ictus a tiempo y por qué cada minuto cuenta

Un lado de la cara que se cae al sonreír, un brazo que pierde fuerza de repente o unas palabras que se traban sin explicación pueden ser algo más que un mal momento: pueden ser las primeras señales de un ictus. En España se producen unos 100.000 casos cada año, y los especialistas insisten en que reconocerlos a tiempo puede cambiar por completo el pronóstico y reducir las secuelas.

Con ese mensaje, el Hospital Gregorio Marañón de Madrid celebró una jornada de concienciación titulada El tiempo es cerebro, 112 Código Ictus, coincidiendo con la conmemoración del Día Mundial del Ictus. En la entrada principal del centro, profesionales de Neurología, Rehabilitación y Enfermería instalaron un punto de información para enseñar a la ciudadanía, de forma práctica, cómo actuar ante una emergencia de este tipo.

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La herramienta central es el método FAST, por sus siglas en inglés: Face, comprobar si hay asimetría facial al sonreír; Arms, ver si un brazo pierde fuerza o desciende al levantarlo; Speech, detectar dificultad para hablar o comprender; y Time, llamar de inmediato a los servicios de emergencia ante cualquiera de estas señales. Con una infografía y un juego de cartas inspirado en el clásico Uno, el hospital convirtió esa lección en una actividad participativa para todas las edades.

El ictus ocurre cuando se interrumpe de forma brusca el flujo de sangre a una parte del cerebro, y los tratamientos más eficaces funcionan dentro de un margen de tiempo limitado. Por eso los médicos piden no esperar a ver si los síntomas se pasan, no probar remedios caseros y anotar la hora exacta en que comenzaron: ese dato ayuda al equipo hospitalario a decidir el tratamiento cuanto antes.

La prevención también forma parte del mensaje. Controlar la presión arterial, la diabetes y el colesterol, detectar y tratar la fibrilación auricular, mantener una alimentación equilibrada, moverse con regularidad y evitar el tabaco y el alcohol reducen de forma notable el riesgo. Aprender las señales y compartirlas con la familia, recuerdan los especialistas, es una de las formas más sencillas de salvar una vida.

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