Pocos minutos de ejercicio intenso se asocian con menos riesgo de ocho enfermedades crónicas

La intensidad con la que nos movemos podría importar tanto como el tiempo total de actividad. Un estudio publicado en 2026 en la revista European Heart Journal, con datos de 96,408 adultos del Biobanco del Reino Unido, encontró que quienes realizaban más del 4 % de su actividad física total de forma vigorosa tenían entre un 29 % y un 61 % menos de riesgo de ocho enfermedades crónicas importantes y de muerte prematura, en comparación con quienes no hacían ninguna actividad vigorosa.
Los participantes, con una edad promedio cercana a los 62 años, usaron rastreadores de muñeca que registraron su actividad diaria. Las asociaciones más fuertes se observaron en enfermedades inflamatorias, eventos cardiovasculares importantes, enfermedades respiratorias y demencia. Según la Sociedad Europea de Cardiología, incluso entre 15 y 20 minutos de movimiento vigoroso por semana se asociaron con beneficios significativos para la salud.
El ejercicio vigoroso es aquel que deja sin aliento y hace difícil mantener una conversación: subir escaleras rápido, correr, montar bicicleta con esfuerzo o practicar un deporte intenso. No se trata de pasar horas en el gimnasio, sino de incluir pequeños picos de esfuerzo en la rutina diaria, algo que muchas personas pueden lograr caminando rápido cuesta arriba o apurando el paso en un trayecto corto.
Los investigadores matizan, eso sí, una cautela importante: el estudio es observacional, por lo que no puede demostrar que el ejercicio vigoroso haya prevenido directamente las enfermedades. Las personas más activas también suelen tener otros hábitos saludables, y ese conjunto de factores podría explicar parte del beneficio observado.
Aun así, el mensaje es alentador para quienes sienten que no tienen tiempo para ejercitarse: no hace falta convertirse en atleta. Unos pocos minutos de esfuerzo intenso, repartidos en la semana, podrían ser una de las inversiones más rentables para la salud a largo plazo, sobre todo a partir de la mediana edad, cuando el riesgo de enfermedades crónicas empieza a crecer.




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