Ciudad del Cabo pide frenar los centros de datos: el agua escasea y la factura puede ser millonaria

En Ciudad del Cabo, Sudáfrica, la expansión de los centros de datos chocó este 28 de octubre con una preocupación que los habitantes conocen demasiado bien: el agua. Activistas y organizaciones comunitarias pidieron una pausa en la aprobación de nuevos centros hasta que existan reglas claras y exigibles sobre cuánta agua y cuánta energía pueden consumir estas instalaciones. La ciudad, que estuvo al borde del llamado «Día Cero» en 2018, cuando casi se queda sin agua corriente, podría enfrentar nuevas restricciones a partir de diciembre, justo cuando se espera un verano más caliente y seco.
El argumento central de los grupos denunciantes es numérico y difícil de ignorar. Según su presentación ante la Comisión de Derechos Humanos de Sudáfrica, un centro de datos a gran escala que use refrigeración convencional podría consumir más de 4,400 millones de litros de agua al año, el equivalente al consumo anual de más de 18,000 hogares. La ciudad ya tiene alrededor de una docena de centros y ha aprobado licencias para cinco más, en un país que el Gobierno quiere convertir en la puerta digital de África.
Las empresas del sector responden que no todas las instalaciones consumen igual. Equinix, por ejemplo, asegura que sus plantas usan refrigeración seca, con un uso mínimo de agua, y que apuestan por energía biorrenovable para no presionar la red eléctrica. Sin embargo, académicos de la Universidad de Ciudad del Cabo advierten que un centro de 160 megavatios podría consumir alrededor de 1,400 millones de kilovatios-hora al año si opera a plena carga, y que, una vez en funcionamiento, estos proyectos generan pocos empleos permanentes.
El Gobierno sudafricano reconoce que no existe una regulación específica para centros de datos, aunque insiste en que deben cumplir las leyes ambientales y de construcción vigentes. Los activistas, representados por el Centro de Recursos Legales, piden algo más concreto: que ningún proyecto se apruebe sin revelar antes su demanda de agua y energía. En una ciudad donde cada gota cuenta, el debate ya no es solo tecnológico: es de supervivencia cotidiana.




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